Cada año, hacia el final de la primavera, China se paraliza durante 48 horas. Durante ese lapso, 10 millones de estudiantes se enfrentan al Gaokao, el examen de ingreso universitario más exigente del mundo. Una buena calificación garantiza un lugar en los centros de estudio de mayor nivel y abre las puertas a mejores oportunidades en el mercado laboral. Por el contrario, un resultado adverso restringe seriamente las posibilidades de desarrollo personal y profesional. Los estudiantes se preparan durante años, a un ritmo de 10 a 12 horas por día. La presión a la que son sometidos es tanta, que representa la principal causa de suicidio adolescente.

Esta cita académica, que se implementó en 1952 y se interrumpió durante la década de la Revolución Cultural, se celebra de forma ininterrumpida desde 1977 y se ha convertido en el mayor examen de ingreso a la universidad del mundo. No solo por el número de estudiantes que se presentan, sino también por la cantidad de recursos que se movilizan.

En un país donde tener un título de grado es una condición casi excluyente para conseguir un trabajo bien remunerado, aprobar o desaprobar el examen marca una diferencia sustancial. En la actualidad, el 75% de los estudiantes son admitidos para estudiar en la universidad, una cifra muy superior a la de algunas décadas atrás. Sin embargo, el objetivo no es simplemente obtener un cupo.

La tradición en la Escuela Secundaria de Maotanchang es despedir a los estudiantes como si fueran héroes. En la imagen, las fuerzas de seguridad custodian los colectivos con los alumnos dentro

Debido a la gran diferencia que existe entre los mejores y los peores centros de estudios, los alumnos aspiran a matricularse en la Universidad de Tsinghua, la de Pekín o la de Fudan, que pueden garantizar por sí mismas el futuro de los estudiantes. Además, el puntaje obtenido determina el orden de mérito para seleccionar carrera. Es decir, en China no basta con la vocación para elegir lo que se quiere estudiar, sino que es indispensable obtener un resultado sobresaliente.

¿En qué consiste el examen?

Se trata de cuatro pruebas de entre dos y tres horas de duración, en las cuales se evalúan los conocimientos de chino, matemáticas y una lengua extranjera (generalmente inglés). A ellas se añade otra con preguntas de física, química y biología, si han optado por ciencias o de geografía, historia y política, si lo han hecho por humanidades.

Los exámenes son tipo test, excepto el de chino, en la cual los aspirantes deben desarrollar un tema entre una serie de opciones. El puntaje máximo que se puede alcanzar es de 750 puntos, aunque nadie –hasta el momento- logró esa calificación.

Preparación

Desde su infancia, un gran número de niños chinos complementan los contenidos de la escuela obligatoria y gratuita con horas extra en institutos especializados en la preparación del Gaokao, lo que implica una pesada carga para los presupuestos familiares, que se intensifican en el tramo del bachillerato superior (dieciséis a dieciocho años), donde la enseñanza está arancelada.

El ejemplo más llamativo de los institutos especializados es la Escuela Secundaria Maotanchang, en la provincia central de Anhui. Su costo anual ronda los seis mil setecientos euros, una cantidad muy significativa cuando la renta promedio de una familia urbana de tres personas es de diez mil euros por año.

En 2018 se matricularon allí más de veinte mil estudiantes provenientes de todas partes de China. La mayoría de ellos llegan acompañados de sus madres, que se queda a vivir en Anhui durante todo el año. Como la escuela no proporciona alojamiento, los estudiantes y sus familias alquilan una habitación o un departamento, lo que agrega entre setecientos y tres mil euros anuales. Esto último, sumado a los gastos de manutención, transporte y la renta que deja de percibir el miembro de la familia que acompaña a los candidatos, representa un costo prohibitivo para la inmensa mayoría de los chinos.

Un alumno recién llegado a la Escuela de Maotanchang posa con su madre en una habitación alquilada para la ocasión

El instituto cuenta con los mejores índices de aprobación en el Gaokao y exige a sus alumnos un nivel de dedicación difícil de sostener. Las clases comienzan antes de las siete de la mañana y finalizan pasadas las diez y media de la noche. La disciplina bordea lo militar, no se permiten aparatos electrónicos ni ninguna clase de distracción. No existen las semanas, sino períodos lectivos de nueve días, a los que siguen, en el décimo, exámenes sobre los avances de los nueve anteriores.

Un grupo de estudiantes sale de la Escuela Secundaria de Maotanchang tras una intensa jornada de estudio

Ningún otro examen en el planeta moviliza tantos recursos ni personas como el Gaokao. Mientras dura la evaluación, ambulancias y policías se sitúan en el ingreso a los institutos, las construcciones se paralizan, los trenes se detienen, el tráfico se desvía y los conductores tienen prohibido tocar bocina a menos de 500 metros de los centros educativos. En 2013, incluso, llegaron a envenenar ranas para evitar que su sonido perturbe a los alumnos.

Es tanto lo que se pone en juego durante estos días, que no sorprende que se haya montado alrededor del Gaokao una industria del engaño, que revela la importancia que padres e hijos atribuyen al examen. La táctica más escandalosa quizá sea la de los padres que pagan miles de yuanes (cantidades que rondan los 4.000 euros) a adolescentes más preparados que sus hijos para que se hagan pasar por ellos y realicen los exámenes en su lugar. Ello ha provocado que desde 2016 se penalice con siete años de prisión a quien haga trampa en el examen.

Las escuelas utilizan dispositivos con tecnología de reconocimiento facial para comprobar la identidad de los estudiantes

En este sentido, cada vez son más sofisticadas las medidas para evitar fraudes. Muchos centros cuentan con circuitos cerrados de televisión para controlar a los alumnos y sistemas que detectan cualquier señal procedente de dispositivos electrónicos escondidos. La asistencia se monitorea con sistemas de reconocimiento facial y dactilar.

Las preguntas son consideradas secretos de estado. Los profesores que las confeccionan son sometidos a un severo escrutinio para evitar fugas y los documentos son escoltados hasta las escuelas por guardias de seguridad y monitoreados por GPS. Un entorno, en definitiva, que no hace más que contribuir a generar una enorme carga psicológica en los alumnos.

Los centros de examen están controlados con cámaras de seguridad como medida de prevención y control ante las copias. Si algún alumno es descubierto, se enfrenta a penas de prisión

Consecuencias

Conscientes de que un cuarto de los postulantes no podrá acceder a la educación superior y deberá buscar alternativas mucho menos prometedoras, los jóvenes chinos han desarrollado el individualismo y la competitividad. A todos les angustia la posibilidad de no cumplir las expectativas y defraudar a sus padres, sobre todo aquellos que provienen de entornos rurales y de una incipiente clase media. Como consecuencia de la política de hijo único que imperó en China entre 1979 y 2015, los padres depositan en un único descendiente sus expectativas de ascenso social, algo que consideran irrealizable sin que su hijo acceda a una formación de calidad.

El examen es tan importante para los estudiantes como para sus familias. En la foto, una madre reza para que su hijo tenga suerte en el examen

La presión social para alcanzar un buen resultado genera una enorme carga psicológica en los estudiantes. Según datos publicados en 2014 en el Libro Azul de la Educación china, el 93% de los suicidios de adolescentes se registran en la época del Gaokao y están relacionados con la presión ejercida por padres y profesores para que saquen buenas calificaciones. De esta manera, el examen de ingreso más exigente del mundo representa la primera causa de muerte en jóvenes de 15 a 19 años en algunas regiones del país.

Que se llegue a estos extremos dice mucho tanto del sistema educativo chino como de su sociedad, dado que estos casos no solo se dan entre aquellos que están a punto de realizar el examen a los 18 años, sino también a una edad mucho más temprana.

En 2014 se instalaron barreras antisuicidio en centros educativos y residencias de estudiantes

Cada año entre dos y tres millones de jóvenes fracasan en su intento de acceder a la universidad, incrementando las migraciones de estudiantes a países occidentales para obtener la formación universitaria que su país les negó. Según datos de The Guardian hay 300.000 chinos en las universidades norteamericanas y 90.000 en las inglesas. Además, muchos han descartado la educación universitaria en favor de la Formación Profesional, que ha mejorado su reputación con el paso del tiempo.

Durante los últimos años se han producido pequeñas reformas que han intentado aliviar la dureza del examen. Desde 2000, cada región puede decidir el contenido del mismo. Sin embargo, la propuesta realizada ese mismo año para que 80.000 de las plazas de las regiones de Jiangsu y Hubei se reserven para estudiantes de regiones más pobres fue recibida con protestas que terminaron paralizándola. Un síntoma que pone de manifiesto un problema aún mayor: el Gaokao puede parecer el colmo de la meritocracia, pero en realidad, tal y como está planeado, es un examen que favorece a los sectores más pudientes de la sociedad.

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