Martín Navarro pasó los 3 minutos más largos de su vida. Dos décadas de investigación científica no lo prepararon para tomar la palabra ante un auditorio colmado que acababa de llegar al summum de la excitación. Segundos antes de comenzar su alocución el público había ovacionado de pie a Dora Barrancos con una intensidad inimaginable por cómo venía desarrollándose el evento.

La investigadora y socióloga feminista, que estaba sentada en la primera fila, tomó el micrófono y arengó: “Abdiquemos de cualquier posibilidad de hacerlos ganar por el pesimismo preventivo, detesto el pesimismo preventivo, lo único que tenemos que hacer es militar, militar y militar y octubre será nuestro”. El aplauso de las 700 personas presentes en el auditorio de la Universidad Metropolitana duró mucho más que su discurso.

Los gestos de Martín Navarro cuando le dieron el micrófono hicieron reír a los presentes. “Encima que me da tremendo cagazo”, dijo para descomprimir e intentó comenzar su discurso: “Lo que estamos presentado hoy es algo que empezamos a soñar hace mucho tiempo, esta agenda, esta síntesis de grupo…” y antes de concluir la primera idea, otra ovación lo interrumpió. “Está llegando Alberto -rio Martín, algo resignado- me tocan todas”. El candidato a presidente se acercó al escenario con un gesto adusto en su rostro mientras media docena de fotógrafos y camarógrafos lo apuntaban con sus luces. Apenas subió, saludó a los 19 académicos presentes. Luego volteó, miró al público y alzó los brazos. Cuando la intensidad de los aplausos empezó a mermar, se ubicó en el asiento que le tenían reservado.

La presentación de Agenda Argentina fue el sábado a la mañana en la Universidad Metropolitana (UMET). Se trata de una organización de intelectuales que tienen como objetivo pensar los temas para la campaña del Frente de Todos. La metodología utilizada para presentar el think tank del kirchnerismo fue la de un foro de discusión. La actividad comenzó a las 9 de la mañana y se dividió en seis comisiones: Trabajo y subjetividades, seguridad y justicia, ciencia y educación, campaña electoral, problemáticas de género y economía y desarrollo. Tal vez anunciado cuál será el tema principal de campaña, la comisión de economía se desarrolló en el Aula Magna, la más grande del edificio.

Allí había 10 mesas redondas que se colmaron rápidamente. El coordinador de la comisión anunció que había inconvenientes con el micrófono y tranquilizó a los asistentes: “Como buenos peronistas, resolveremos sobre la marcha”. Tras las carcajadas, la economista Delfina Rossi, hija del presidente del bloque kirchnerista en la Cámara de Diputados, hizo circular una libreta para que se anoten los oradores y explicó “la idea no es hacer un diagnóstico, sino propuestas a futuro, vamos a hablar dos o tres minutos cada uno y las ideas que surjan van a formar parte de un documento final”.

En el Aula Magna estaban presentes los economistas más cercanos a Alberto Fernández. Los asistentes charlaban entre ellos y decían que Cecilia Todesca Bocco y Matías Kulfas podrían dirigir la cartera económica si triunfa el Frente de Todos. En total, 35 personas hicieron uso de la palabra durante una hora y media. Algunos discursos se hicieron largos y tediosos, otros fueron más dinámicos. En general, se habló de transformar la matriz productiva, de fomentar las economías regionales, de aprovechar el potencial de Vaca Muerta, de recuperar el rol de la banca pública y de lanzar un programa de soberanía alimentaria. Sin embargo, la economista y ex funcionaria Paula Español anticipó: “Si no podemos equilibrar la macroeconomía, nada de lo que planteamos acá va a ser posible”.

Alrededor de las 12 se dieron por terminadas la comisiones y los asistentes bajaron al auditorio para escuchar a Alberto Fernández, que llegó media hora después de lo previsto.  Por ese motivo se encontró con algunos integrantes de Agenda Argentina haciendo uso de la palabra. Martín Navarro terminó su discurso y le cedió la palabra al candidato, que habló durante 10 minutos sin levantarse de la silla.

“Nuestros mejores años fueron los de la discusión y nuestros peores años los de la obediencia –comenzó Fernández, en una referencia indirecta a Carta Abierta, la otra usina de pensamiento referenciada en Cristina Kirchner- Yo nunca creí en la política de la obediencia, yo no quisiera que ustedes acompañen a Alberto y a Cristina, quisiera que ustedes acompañen la construcción de otra Argentina”.

 “Hay otra Argentina que podemos construir con mayor igualdad donde todos tengan la posibilidad de desarrollarse. Y que además se desarrollen en sus lugares de origen, que un jujeño se desarrolle en Jujuy, un fueguino en Tierra del Fuego y que no estén buscando en las luces de la ciudad más cercana un futuro que nunca encuentran”, dijo el candidato.

En un momento, una porción minoritaria del público cantó: “Se siente, se siente, Alberto presidente”, pero más allá de ese cántico, tímido y apagado, no hubo elementos que hicieran pensar que el candidato a presidente era el candidato del peronismo. Tranquilamente pudo haber sido un acto de Roberto Lavagna. No hubo bombos, banderas, ni pecheras partidarias. Fernández habló poco y sin levantarse de su asiento, dio la impresión que buscaba despegarse de las formas que fueron tan criticadas en el pasado.

“Nuestros mejores años fueron los de la discusión y nuestros peores años los de la obediencia”

Hacia el final, hizo referencia a una idea que circuló en los últimos días: que una vuelta del kirchnerismo podría significar una intervención del Poder Judicial: “Ahí los tienen discutiendo a estos energúmenos si voy a cerrar la Justicia, si la voy a hacer dependiente del Poder Ejecutivo, qué sé yo las estupideces que dicen. Hace 35 años que enseño Derecho en la Universidad de Buenos Aires y piensan que voy a borrar con el codo lo que enseñé en 35 años”.

“No teman y no duden, hay otra Argentina posible -Fernández levantó la voz, provocando los aplausos- la Argentina que nos merecemos no es la Argentina de Macri, es una Argentina donde cada argentino se sienta digno de ser argentino. Muchas gracias por venir”. Diez minutos después el auditorio quedó vacío, pero en el aire quedó el interrogante sobre las posibilidades que tiene este grupo de intelectuales de aportarle a Fernández las ideas que necesita para convencer a los indecisos y ganar la elección.

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